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El té misionero se posiciona en el mundo con agregado de valor e industria de calidad

Años de historia y trabajo continuado dieron como resultado un auge del producto en tierras extranjeras nunca antes visto y la generación de nuevas alternativas de comercialización

La cadena productiva del té cuenta con muchos eslabones. Fotos: Natalia Guerrero
La cadena productiva del té cuenta con muchos eslabones. Fotos: Natalia Guerrero

La producción tealera de Misiones se encuentra atravesando momentos clave en su historia. Con la llegada a mercados internacionales de difícil alcance y un bagaje de alternativas para promocionar el producto, las empresas están dando pasos de sobremanera importantes para la visibilización y expansión.

 

Es preciso entonces destacar que el 95% de la producción se exporta, quedando solamente el 5% para consumo interno. Y a pesar de que el mercado internacional es exigente, debido principalmente a la alta demanda, el té misionero supera las expectativas en calidad y responsabilidad. Mercados como el de Estados Unidos (destino con más del 70% del producto exportado) así lo refieren.

 

Además, más allá de la producción en sí, hay otro mundo de posibilidades que se abre a través del té y es el turismo rural. Cada vez son más los visitantes que llegan a Misiones en busca de naturaleza y conocimiento sobre lo regional, la gastronomía y costumbres de la Tierra Colorada. Reflejo de esto es sin lugar a dudas el complejo Camellias, con La Ruta del Té, sitio que recibe a cientos de turistas para mostrarles lo mejor del té misionero, sus secretos e historia (más información en página 12).

 

Por su parte, las industrias buscan llegar cada vez más lejos y a nuevos clientes, con el fin de posicionar la marca Misiones en distintos continentes. Un ejemplo de ello es la empresa Klimiuk Hermanos SRL, cuya labor constante derivó en el otorgamiento días atrás del certificado Halal, abriendo el vasto mercado en países de religión musulmana.

 

Sin embargo, esta expansión no se dio de manera fácil y rápida. Fueron años de trabajo en el que las familias productivas, muchas de ellas descendientes de inmigrantes, usaron sus fuerzas para conformar las industrias, empezando de a poco y con lo que había a mano.

 

El esfuerzo fue la característica principal para lograr permanecer en una época donde la mecanización recién comenzaba a transitar sus primeros pasos. Hoy, los hijos y nietos de aquellos colonos sostienen la historia, sumándole tecnología y nuevas ideas, pero manteniendo la misma impronta de trabajo duro con un objetivo claro: llevar el té misionero hasta lo más alto del mercado mundial.

 

Una historia de desarrollo

La historia de la marca Klimiuk Infusiones –radicada en Campo Viera- es fiel reflejo de lo que se vivió en decenas de empresas misioneras, que empezaron bien de abajo y fueron creciendo de a poco.

 

Jonathan Klimiuk rememoró esta historia con El Territorio, recordando los inicios, cuando sus padres (hijos de inmigrantes polacos y ucranianos) daban los primeros pasos en el trabajo de acopio en Misiones. “Mis padres arrancaron en 1970, acopiaban té y yerba mate en la zona del paraje Primero de Mayo y arrancaron el nexo familiar con el té. Fueron los pioneros y se convirtieron en los mayores acopiadores del producto en su momento. Los acopiadores entregaban el producto a las empresas que en ese momento elaboraban té en Misiones. Fue una época donde además se destacaba el algodón y el tabaco en la producción”, contó.

 

Agregó entonces que “en los años 90 se fue mecanizando más la producción, dejando atrás lo que era manual y máquinas de estirar. Desde allí se fue armando lo que es el servicio de cosecha. La mecanización se fue dando de a poco, porque primero se cosechaba todo a mano, después con las máquinas de estirar que ocupaban tres personas. Todo era manual, el marchitado, el conservado, todo era muy precario. Pero Argentina a nivel mundial fue uno de los primeros en aplicar tecnología a la cosecha. Hoy es todo mecanizado, con máquinas a granel. El operario sólo controla. Se fue avanzando a ese ritmo también para que la persona tenga el menos contacto posible con el producto”.

 

Luego llegaría la crisis del 2001, que dejó por el suelo el esfuerzo de cientos de establecimientos productivos de la provincia. No obstante, los Klimiuk (Jonathan y sus dos hermanos – Félix y Cristian – que son los que siguieron con la labor en la empresa) decidieron seguir adelante a pesar de todo y aprovechar la devaluación para impulsar nuevos productos. “Nosotros teníamos la producción, entonces alquilamos establecimientos donde nucleábamos el valor agregado allí, hacíamos el producto de té en rama para vender a los principales exportadores. Durante 2001, 2002 cuando fue la devaluación fue un buen momento para el té argentino porque fue quedando barato a nivel mundial. En ese momento comenzamos a trabajar con tres secaderos alquilados que estaban cerrados para las principales empresas de la región”, explicó.

 

Y prosiguió: “Fuimos capitalizando todos los recursos para armar este establecimiento. En 2009 empezamos a construir, poniéndolo en marcha en 2013. Desde ahí, nuestra idea siempre fue buscar algo diferente a lo normal del mercado argentino”.

 

Una historia de desarrollo

Jonathan se puso la búsqueda de nuevos mercados al hombro, con la intención de abrirse de la competencia que generaba el nicho de Estados Unidos entre los productores argentinos. En misiones comerciales logró viajar a Rusia, donde pudo comenzar a visualizar potenciales clientes. Sin embargo, el problema más grande para los exportadores sigue siendo sin lugar a dudas la inestabilidad cambiaria, por lo que se debe trabajar mucho para mantener costos y ser competitivos a nivel mundial.

 

“Con todas las idas y vueltas que tiene la economía argentina, el producto termina siendo caro por los costos internos dolarizados que van subiendo. Por eso, tenemos que reconvertirnos como empresas y ver cómo bajar costos acá para ser competitivos. En ese trabajo estamos constantemente, con arrendamientos, trabajos en la fábrica, con las mezclas de té de distintos grados para conquistar estos mercados, más allá de cómo se movilice la economía”, sostuvo.

 

En ese sentido, remarcó que “lo de afuera de Estados Unidos es un mercado nuevo para el té argentino, que es de muy buena calidad. Vietnam por ejemplo tiene muchos ataques de plagas y contaminación. Nosotros en ese sentido tenemos más control, menos ataques de plagas, no tenemos tanta contaminación, por eso la producción argentina está bien vista”.

 

Luego de salir al mundo con el producto, otro desafío fue planteado por Klimiuk: llegar al mercado más propicio para el té, el árabe. Jonathan contó que el último viaje de negocios fue el año pasado, justo antes de la pandemia. Allí visitaron Pakistán, Dubai, entre otras zonas aledañas. “Ellos tienen otra cultura, forma de ser distintos. La base de ellos es la religión y los productos tienen que estar dentro de lo que la religión permite, por eso trabajamos en conseguir la certificación Halal”, dijo (ver “La apertura con certificación Halal”).

 

Al tiempo que contó que el año pasado se mandaron 13 contenedores a esas regiones (que poseen entre 22 y 24 toneladas cada uno), mientras que este año ya se enviaron tres y ahora, con la nueva certificación, se cerraron 16 nuevos envíos. Cabe destacar que de 4 kilos y medio de brotes de té sale un kilo de té seco. De ese kilo, se consiguen unas seis variedades del producto.

 

“Nuestra idea es buscar estos nuevos nichos. Estamos trabajando bien con Rusia, con Malasia, donde el año pasado mandamos casi 18 contenedores. Y ahora seguimos trabajando con este nuevo mercado, donde sabemos que Pakistán es el principal importador de té mundial”, expresó. Y puntualizó: “También estamos trabajando con nuevos productos para el mercado interno, que es más chico pero la verdad que queremos hacerlo para que se conozca que en Misiones se produce té. Es una lástima que un producto que a nivel mundial está posicionado como la segunda bebida más consumida, no se conozca que se hace en Misiones”.

 

“Seguimos trabajando, buscando alternativas, difundiendo y con esfuerzo para que se conozca el té misionero acá en la provincia, en el país y a nivel mundial”, concluyó.

 

Control y degustación de los productos

 

El control de calidad de un producto es uno de los pasos más importantes dentro de una empresa. Marcia Piñeiro es sommelier y la encargada de verificar que cada producto que sale desde Klimiuk Infusiones sea con la calidad adecuada. Los sabores, olores y cuerpo juegan un rol fundamental a la hora de catar cada una de las variedades que se producen.

 

Además de mostrar la forma en que se establece la composición del producto, también hizo hincapié en la importancia de este paso, pues es allí, en la cata, donde se puede llegar a determinar si está habiendo un error en algunos de los pasos que tiene el proceso, desde que llegan los brotes hasta que salen convertidos en diferentes blends.

 

Observando el color, la forma que adquiere en el cuenco, el aroma y por supuesto con el gusto, Marcia realiza el trabajo fino que apunta a mantener la calidad de un producto que llega a los paladares de cientos de consumidores de distintas partes del mundo.

 

Fuente: Elterritorio por Nazarena Torres, torresnazarena@gmail.com

🌱 🍵 🧉

 

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Klimiuk Hermanos SRL

Ruta Nacional 14 KM 903

CP: 3360 - Campo Viera

Misiones - Argentina