De un almacén hasta los mercados internacionales, Klimiuk Infusiones refleja la evolución de la producción misionera.

En el Paraje Primero de Mayo, a unos ocho kilómetros de tierra adentro de Campo Grande, todavía se conservan las huellas de un tiempo en el que los cafetales marcaban el pulso de la economía local.
Allí, donde la tierra roja se mezcla con la memoria de las primeras cosechas, comenzó una historia que hoy conecta a Misiones con mercados internacionales, pero que sigue teniendo sus raíces bien hundidas en ese paisaje rural.
“Nosotros somos oriundos de ahí”, cuenta, con naturalidad, Yonathan Klimiuk. Su padre llegó en la década del 70 y levantó un almacén de ramos generales que todavía sigue en pie. Era un punto de encuentro, pero también un nodo productivo: allí se acopiaba yerba mate, té y otros productos que circulaban por la zona.
En esos años, el movimiento lo daban los cafetales. La mano de obra, el ir y venir de trabajadores, la formación misma del paraje. No es casual que la avenida principal del pueblo lleve el nombre de Los Cafetales: hay una historia escrita en ese paisaje que todavía resiste en la memoria colectiva.
Con el paso del tiempo, el café fue cediendo lugar a otras producciones, y la familia fue adaptándose. Del acopio inicial pasaron a involucrarse cada vez más en la cadena productiva del té. Primero acompañando los cambios en los sistemas de cosecha, luego dando un paso más: la industrialización.
No fue un camino lineal. La crisis de finales de los 90 y comienzos de los 2000 dejó a muchas empresas fuera de juego. “Muchos quedaron en el camino”, recuerda. En ese contexto, la estrategia fue resistir con lo que había: materia prima. Con brotes de té y yerba disponibles, comenzaron a alquilar secaderos que habían quedado paralizados por la crisis. Era una forma de agregar valor en medio de la incertidumbre.
Después llegó el 2003 y, con la devaluación, un nuevo escenario. Argentina volvió a ser competitiva y el té empezó a tener demanda en el exterior. “Agarramos ese camino y fuimos creciendo de a poco”, resume.
Los primeros envíos al exterior llegaron en 2013, con Chile como destino. Cinco años más tarde, el horizonte se amplió y la producción comenzó a buscar nuevos mercados en el mundo. Ese crecimiento no implicó un desprendimiento del territorio, sino todo lo contrario: la empresa siguió dividida entre Campo Grande y Campo Viera, manteniendo su base en la región.
Hoy, la producción de té se exporta, mientras que la yerba mate continúa abasteciendo al mercado interno, integrándose a una cadena que sostiene a numerosas familias misioneras. Detrás de esos productos hay un entramado que combina historia, adaptación y trabajo sostenido.
Campo Grande, en su aniversario, aparece no sólo como escenario, sino como protagonista silencioso de ese proceso. Un pueblo que supo reinventarse después de los cafetales, que acompañó el crecimiento de nuevas actividades y que sigue siendo parte de esa identidad productiva.
“Siempre estuvimos ligados al desarrollo de Campo Grande”, dice Klimiuk. Y no es una frase hecha: es la síntesis de una trayectoria que empezó en un almacén de ramos generales, atravesó crisis profundas y hoy encuentra en la exportación una nueva etapa.
En esa línea de tiempo, lo que se mantiene constante no es el producto, ni siquiera el mercado. Es el vínculo con la tierra y con una comunidad que, como tantas en Misiones, aprendió a reinventarse sin perder de vista de dónde viene.
Fuente: El Territorio
🌱 🍵 🧉
#TeMisionero #TeVerde #TeNegro #YerbaMate #YerbaMateMisionera #Misiones #AlimentosArgentinos #IndustriaArgentina #KlimiukInfusiones #FSSC22000 #GreenTea #BlackTea #MateTea #Tea #Argentina